La sombra más clara
que un amanecer.
Un desdibujo que
no alcanza a ser
en curiosidades clandestinas.
Un vómito de lo que parece
vano a la tinta de
un lápiz.
Duro sopor de lo que
ya no volverá.
Un tiempo pasado
de las letras y amores
que dejaron de ser,
un café que nunca
se terminó de tomar
y una guitarra que
resuena en ecos del
frío cuarto de flores
amargas y vencidas.
Un diamante de oro
y un acorde en
la penumbra.
Un cigarro que se apaga
como el eco de una campana
en la tiniebla.
Cala hondo en los huesos.
Cala hondo como un disparo
en la neblina del uno ser.
El frío recorre el espinazo
y se cristaliza.
Duele.
Duele.
Duele al son del arpegio
que nunca volvió a sonar.
26/05/2014
No hay comentarios:
Publicar un comentario