Aquellos relojes
que giran en su Tiempo.
Aquel que no le
pertenece a nada.
El Tiempo que es rueda
de su letargo.
Más duro que el
olvido y que el hambre.
Más gentil que la
lluvia que martilla mis ojos.
Más mentiroso que
un corredor de bolsa.
Más verídico que
un libro de Historia.
Sombra que baila en
supuesto aquelarre
de insanidad mental.
Celda de manicomio
que no tiene chalecos
ni acolchados.
Piedra que quema y
pluma que martiriza
como parrilla eléctrica
hace lunas recordada.
Duele como martirio sagrado
y asquea como puta de barrio.
Faltan los epítetos...
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